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Reportaje revista Athanor
Entrevista al Dr. Eric Pearl
El creador de La Reconexión®
En el
verano de 1993, el doctor Eric Pearl, célebre quiropráctico de Los Ángeles,
conoció a una gitana que le aseguró que podía “reconectar los meridianos de su
cuerpo con las líneas de la cuadrícula energética del planeta”. Aunque su
primera reacción fue de rechazo, acabó aceptando probar el tratamiento. Lo que
sucedió a continuación fue algo para lo que no estaba preparado: sus manos
comenzaron a sangrar y sus pacientes empezaron a sanarse de forma sorprendente.
Desde entonces, el doctor Pearl ha ido estudiando e investigando sobre el
fenómeno que ha llamado “La Sanación Reconectiva” y “La Reconexión”.
Recientemente impartió un seminario en Barcelona y tuvimos la ocasión de
entrevistarle.
–¿Qué es La Reconexión? ¿Sería correcto definirla
como “volver a sintonizarnos para poder vibrar con una frecuencia que transmite
información espiritual”?
–Sí, es una definición correcta.
–Si necesitamos reconectarnos es porque,
supuestamente, estamos ‘desconectados’. ¿En qué momento sucedió?
–Muchas culturas hablan de un tiempo en el que éramos seres más
completos pero, en un momento dado, nos separamos de
la totalidad. Nuestro
aprendizaje en esta tierra consiste en volver a alcanzar ese estado. También
creo que tenemos, de algún modo, un recuerdo de lo que fuimos, y eso es lo que
nos guía a volver hacia allí. Hay personas que no comprenden este concepto y me
dicen: “yo nunca perdí mi conexión”, pero yo contesto que no es una cosa
individual sino que se trata de toda
la humanidad. El ser
humano sufrió esta separación y no fue un accidente sino que, según yo lo
entiendo, fue diseñada para que pudiéramos crecer y aprender, mientras buscamos
nuestro camino
de vuelta a
casa.
–Según su libro, “nuestro derecho básico es estar en
comunión directa con Dios/Amor/Universo”, y menciona Shangri-La o la Atlántida…
–En mi libro, yo utilicé
la Atlántida o Shangri-La como ejemplos. Todas las
culturas han hablado de una época antigua mucho más perfecta, en la que no
había guerras, enfermedades o sufrimientos. Yo he tomado ese concepto porque,
de hecho, creo que, hoy en día, estamos en un proceso de reconexión. Yo no
quería poner un nombre a este trabajo, pero eso molestaba a mucha gente, que
pedía un apelativo para el mismo. Cuando comencé a enseñarlo, empezaron a
ponerle diferentes nombres: ‘Curación de Alta Frecuencia’, ‘Nuevas Técnicas de
Sanación Pearl’, ‘Altas Frecuencias de Eric Pearl’. Yo no quería ponerle un
nombre porque eso suponía limitarlo, pero empezó a ser problemático porque en cada
lugar lo llamaban de una manera diferente. Y, finalmente, decidí que tenía que
hacerlo. Como cuento en el libro, hubo una época en la que mis pacientes
perdían la conciencia y repetían las mismas seis frases. Mirando dichas frases,
me di cuenta de que la tercera y la cuarta decían: “lo que estás haciendo es
reconectar las hebras”, “lo que estás haciendo es reconectar las cuerdas”, por
lo que pensé: “de momento, hasta que encuentre un nombre mejor, lo llamaré
‘Sanación Reconectiva’ y ‘La Reconexión’. El nombre atrajo a mucha gente, lo
que hizo que me diera cuenta de lo importante que eran las seis frases
canalizadas. Actualmente, confío en que el nombre indica que lo que estamos
haciendo es reconectarnos con algo que originalmente teníamos.
–¿Cree que este cambio se está produciendo ahora?
¿Tardará mucho tiempo en llevarse a cabo?
–Sí, el cambio se está produciendo ahora, pero no estoy seguro de
cuánto tiempo tardará. Hay muchas cosas que no sé. Lo único que sé es que, un
día, una luz de mi habitación se encendió sola. Sé que cuando me levanté había
una puerta abierta en mi casa. Y sé que eso sucedía al menos dos veces a la
semana, tanto cuando estaba en casa como cuando estaba en otro lugar. Sé que,
el día después de que pasara esto, siete pacientes dijeron que podían sentir
mis manos, sé que en mis manos salieron ampollas y sangraron. Sé que nunca me
había sucedido esto antes. Sé que algunos de mis pacientes empezaron a sanarse
y sé que algunos de ellos, que no se conocían ni habían tenido estas experiencias
antes, empezaron a canalizar las mismas seis frases exactas. Lo que tengo claro
es que ha sucedido algo diferente y único y que no ha sido arbitrario sino que
hay una razón para ello. También sé que debo transmitir este conocimiento y
averiguar más y más sobre él. Transmitirlo y enseñarlo a otros hace que aprenda
más y, así, puedo enseñarlo mejor para que todos podamos alcanzar un nivel de
conciencia y una comprensión sobre el tema.
“Yo no tengo todas las respuestas, pero lo que está claro es que, una
vez que decimos que sabemos las respuestas, dejamos
de aprender. El hecho es
que, actualmente, existe un nuevo abanico de preguntas por explorar, que
elevarán lo que somos y nuestra habilidad para comprender las cosas. Hoy en
día, muchos investigadores estudian el potencial de un sistema de ADN de doce
hebras. ¿Por qué? Lo miras en el microscopio y no lo ves. Pero hace doscientos
años tampoco se veían los rayos ultravioletas o los infrarrojos. ¿Qué es lo que
les está guiando? Algunos científicos exploran caminos nuevos. Yo creo que nos
estamos moviendo hacia una existencia multidimensional y estamos adquiriendo
nueva
información y nuevas verdades
del Universo. Yo sé que, en 1993, tenía una tercera hebra de ADN. Sabía, por
mis estudios, que tenemos dos hebras de ADN pero, cuando me lo preguntaron, yo
respondí que tenía tres, pero que existían doce hebras de ADN. Sé que mi boca
nunca habría dicho nada que no hubiera oído o pensado antes; por lo tanto, supe
que algo estaba pasando. ¿Significa eso que estamos alcanzando una tercera
hebra y que tardaremos mucho tiempo en alcanzar las doce, o significa que será
una evolución más rápida y que estamos a punto de alcanzar las doce hebras, o
que sucederá en el año 2012, como decían los mayas?
–El 2012… ¿Cuál es su opinión respecto a esta mítica
fecha?
–Dicen que 2012 podría ser el fin del mundo. Yo no creo que vaya a ser
el fin del mundo, pero sí el final del mundo tal como lo conocemos hoy. Creo
que, para entonces, habrá habido un alto nivel de cambio; algo habrá pasado que
ahora aún no podemos entender, pero que hará que cuando miremos atrás nos
sorprendamos de cómo éramos y de cómo somos. Cada vez hay más gente que piensa
sobre estos temas; está teniendo lugar algún tipo de evolución y todos seremos
capaces de ir comprendiéndola progresivamente. Puede que se trate de nuestra
evolución hacia una existencia multidimensional.
–Usted afirma que estamos en un momento de cambio en
el que existe una oportunidad excepcional para remodelar colectivamente la
expresión de la conciencia humana. Es cierto que cada vez hay más gente
interesada en la búsqueda espiritual pero también hay una tendencia opuesta,
materialista y consumista. ¿Cómo cree que terminará este proceso? ¿Es
suficientemente fuerte la primera tendencia como para predominar sobre la
segunda?
–Una persona va donde va su atención. Si tu atención está en otras
personas y en lo que hacen, no te focalizas en tu propia evolución. Cuando nos
enfocamos en nuestro propio cambio, nos convertimos en espejos donde los otros
pueden mirarse. Así, existen dos opciones: convertirnos en un reflejo del mundo
que tenemos alrededor o convertirnos en la
luz o el espejo desde el que otras personas pueden
empezar a mirarse a sí mismas. Es nuestra decisión. Es como las personas que
abrazan a los árboles para curar la tierra; muchas de ellas lo hacen para
evitar la interacción con otras personas. Sin embargo, es la interacción entre
los seres humanos lo que trae
la curación. La tierra sencillamente refleja nuestro
grado de sanación y evolución como personas.
–¿Existen más personas que puedan, como usted,
reconectar a la gente con esta frecuencia vibracional, de forma innata?
–Cuando esto comenzó a pasarme, pensé que yo no podía ser el único.
Por eso, empecé a buscar a otras personas que sanaran a los demás y,
sorprendentemente, ellos empezaron a buscarme a mí. Sin embargo, cuanto más
aprendía de ellos, menos funcionaban mis propias sanaciones. Hubo algunos que
no eran sanadores y otros que sí, pero lo que descubrí es que ninguno de ellos
se movía en la frecuencia en la que yo lo hacía. Algunos coincidían en ciertos
aspectos pero, tras un par de años buscando, pensé que fuera lo que fuera esto
sólo venía a través de mí y debía trabajar con ello. Empecé a dedicarle mi vida
y, de pronto, me di cuenta de que la gente que venía a recibir mis sesiones
también era capaz de realizar
la sanación. Aunque no lo creyeran o aunque nunca
hubieran ejercido como sanadores anteriormente, aunque hubieran estudiado algo
o no lo hubieran hecho, todos y cada uno de ellos eran capaces
de acceder a un nivel de
sanación muy superior a cualquiera de los maestros a los que yo había conocido.
Algo nuevo estaba sucediendo y lo verificamos con investigaciones en diferentes
laboratorios. Actualmente, existen muchas personas que pueden hacer lo mismo
que yo porque lo he ido transmitiendo y esas personas, a su vez, lo van
transmitiendo a otras y se va multiplicando. Así pues, hoy en día hay mucha
gente que puede hacerlo. En cambio, cuando yo empecé, creo que no había nadie
más. Pero lo que tiene que quedar claro es que yo no soy el don; yo no soy más
que la puerta para acceder a él, y las nuevas personas que lo reciben se
convierten en nuevas puertas. A partir de aquí, es necesario trascender el ego
y transmitirlo a más gente.
–Creer en todo el proceso cuando te suceden cosas
(te sangran las manos, oyes voces, ves seres…) es fácil, pero ¿cómo creer y
confiar cuando no te sucede nada especial (o sientes que no te está
sucediendo…)?
–A veces, intentamos con todas nuestras fuerzas ser capaces de ver y
eso mismo impide que podamos hacerlo. Las personas que realizan los seminarios
se sorprenden porque van descubriendo, poco a poco, lo que sucede cuando
empiezan a manifestarse las señales
de que el trabajo funciona.
–En su libro, plantea la pregunta “¿por qué yo?” y
dice que es difícil de contestar. ¿Ha conseguido averiguarlo? ¿Por qué cree que
le fue dado a usted este don?
–No puedo saberlo con seguridad. Imagino que debe de ser porque yo
tengo facilidad para hablar sobre el tema sin que suene demasiado científico;
soy capaz de explicarlo en un lenguaje básico para que pueda llegar a todo el
mundo. Además, por mi pasado y parte de mi presente, soy una persona normal a
la que también le gusta beber Coca-cola,
comer pizza y divertirse. Hay gente que siente que si no es muy espiritual y
vive en un monasterio no puede llegar a vibrar en esta frecuencia. La realidad
es que vivimos en el mundo real y que si debemos ayudar en este mundo también
debemos saber estar en él y disfrutar de las cosas que puede ofrecernos. Esto
no significa que yo quiera vivir sólo de pizza y Coca-cola, sino que busco un equilibrio entre una cosa y
la otra. Para las personas
que están encerradas en el concepto de que para poder vibrar en esta frecuencia
hay que hacer puntos para merecerlo, yo soy un claro ejemplo de que no es así.
–También, según su libro, usted no parece el tipo de
persona que se lo cree todo, sino más bien alguien crítico y escéptico. ¿Cómo
logró detener el análisis de lo que estaba pasando y dejarse llevar por ello?
–Cuando te pasa algo tan grande, llega un momento en el que te das
cuenta de que debes reconocerlo y aceptarlo. En otras palabras, alguien me
preguntó cuál era el origen, la fuente de esto, y yo respondí: “Dios, el Amor,
el Universo”. Y me volvió a preguntar: “¿Cómo sabes que es una buena fuente?”
Yo contesté que no lo sabía. ¿Cómo podría saberlo? Pero intuía que tenía que
existir una respuesta mejor. Entonces me di cuenta de que tenía dos
posibilidades: la primera era aceptar que algo estaba pasando y que tenía una
oportunidad para cambiar las cosas y atreverme a vivirlo, aun a riesgo de estar
equivocado; la segunda era rechazar lo que pasaba, no creer que tuviera esa
oportunidad y no vivirlo, por miedo a equivocarme. Con esta última opción no
podría vivir. En un momento dado, tuve que decidir qué camino tomar y no quise
elegir el miedo.
–El precio de 333 € por La Reconexión ¿se debe a lo
que le cobró la mujer de Venice Beach a usted o tiene algún significado más?
–El precio se debe a que, supuestamente, este número lleva la
vibración con la que llegó La Reconexión y es, sencillamente, cómo debe
continuar siendo transmitida. Si cobráramos 3,33 euros, también tendría la
vibración del triple tres, pero no tendría la vibración de ese valor económico
concreto. Esto es algo que se hace solamente una vez en la vida y, antes de
hacerlo, debes pensar y considerarlo bien. Es necesario que sea una cantidad de
dinero suficiente para hacerte reflexionar sobre lo que vas a hacer y sobre si
es importante para ti. Pero, al mismo tiempo, debe ser una cantidad de dinero
que la gente se pueda permitir gastar. Así que ambos conceptos, la vibración
del triple tres y la necesidad de que fuera una cantidad justa para hacer
reflexionar, se combinaron para fijar esta cifra. Cuando yo pagué 333 dólares,
en 1993, era mucho más dinero de lo que es actualmente. Sin embargo, lo que
recibimos al hacer La Reconexión –a veces inmediatamente, a veces después de un
tiempo, a veces reconociéndolo, y otras veces sin reconocerlo–, los cambios que
tienen lugar, son de un valor incalculable y, por eso, es necesario poner
cierta conciencia en el proceso de recibirlo.
–Según usted, en La Reconexión entramos en armonía
con nuevas vibraciones que se instalan en nuestro interior y se convierten en
parte de nosotros. ¿Tiene, este proceso, algo que ver con lo que se conoce como
‘Iluminación’?
–Todo lo que es Luz, es Dios, es Amor, es Universo, es Iluminación.
Somos velas en un constante intercambio de energía, de
información,
de luz. Y la luz, evidentemente, es Iluminación. Sin embargo, con esta palabra
hay que tener cuidado, porque no quiero darle una connotación religiosa, ya que
no tiene que ver con ninguna religión, sino más bien con el Universo. Para mí,
las religiones son ventanas para comprender el Universo. Si entendemos la vida
según una de esas ventanas, tenemos una imagen correcta, pero no es una imagen
necesariamente exhaustiva. Si queremos ver la totalidad hay salir a la calle y
descubrir quiénes somos. Hay personas que me preguntan si esto es una sanación
espiritual pero yo no quiero llamarla así, porque la palabra espiritual está
demasiado relacionada con
la
religión. Sin embargo, sí que es una sanación con espíritu o
con espiritualidad. Así pues, es Iluminación si con ello nos referimos a la
luz, pero sin identificarlo con ninguna religión.
–¿Cuál es la inteligencia que está detrás del
fenómeno de La Reconexión? ¿Cuál es el vínculo con Kryon?
–Lo que comento en mi libro
es que Lee Carroll es un maravilloso maestro y
narrador de historias. Un ejemplo de una de las historias que cuenta en sus
libros de Kryon es
la de Wo
y
la maleta. Yo
la utilicé como un ejemplo pero nunca dije que fuera la misma energía o
inteligencia. Detrás de La Reconexión está Dios, el Amor, el Universo. Existe
una Inteligencia Superior que se comunicó. No digo que esa voz fuera,
específicamente, la voz de Dios, al menos no más que nuestras voces lo son,
pero lo que es seguro es que es una Inteligencia Superior y, por lo que a mí se
refiere, nos está dando un mayor entendimiento del Universo, que es Dios.
–También plantea que la sanación ayuda tanto al
sanador como al paciente. En el caso del paciente, está claro, pero ¿cómo sirve
al sanador?
–Ayuda a ambos de la misma forma. El don para el sanador es que le
inicia en ese despertar. Cuando ve cómo reaccionan los pacientes, el sanador
empieza a comprender y a creer en que algo está pasando realmente. Al verlo,
empiezas a comprenderlo y, al comprenderlo y saberlo, llegas a integrarlo.
–Usted habla
de que el sanador debe “quitarse de en medio”. ¿Cómo
se puede enseñar La Reconexión cuando parece, más bien, algo intuitivo? ¿Qué es
lo que enseña en sus cursos?
–Esto significa que cuando intentamos determinar cómo deben ser las
cosas, dónde tenemos que llevar la energía o qué es lo que necesita ser sanado,
interferimos con la transmisión, nos ponemos a nosotros en medio del proceso y
estamos apegados a un resultado. Para poder evolucionar, debemos abandonar
nuestras expectativas y simplemente observar sin tratar de dirigir lo que está
sucediendo. Esta filosofía es parte de lo que enseño en mis seminarios.
–En su libro afirma que La Reconexión funciona
aunque el paciente sea escéptico pero, por otro lado, hay quien habla de la
importancia de tener fe en la sanación. ¿Cómo se combinan ambos conceptos?
–No es importante tener fe en
la sanación. A este
nivel, la sanación está por encima de la fe, de la esperanza o de las
creencias. Es algo que no se cree sino que, sencillamente, se sabe. Cuando
tenemos fe en algo, nos aferramos a ello porque queremos que nos lleve a un
estado de saberlo con certeza. A este nivel, tiene lugar una comunicación que
como sanador, sencillamente, sabes y como paciente, si dejas de lado las
expectativas o los apegos –“ojalá funcione”, “espero que funcione”, “tiene que
funcionar”–, te das cuenta
de
que el don llega. Por eso funciona con la persona que no
tiene fe, no está apegada y no espera nada. Las únicas limitaciones vienen de
la gente que está muy apegada. Las curaciones por la fe a menudo no son
duraderas, porque si la persona pierde esa intensa fe dejan de funcionar. Estas
sanaciones no tienen que ver con la fe y la mayoría de ellas son para siempre.
Ayer sucedió en la sesión con una mujer llamada Jane. Ella no podía levantar su
brazo y ni siquiera la cortisona había funcionado. De pronto, su brazo se elevó
sin problemas. Los tejidos habían cambiado, algo pasó. Y ella, previamente, no
tenía ninguna fe o esperanza en que fuera a ser sanada.
Entrevista
realizada por Elena Almirall para la revista Athanor, cedida por la revista Athanor.
Información
sobre la revista Athanor en www.athanor.es |